Amanecido en el hielo

Desencantado por no haber luchado junto al caballero de la flor roja,
siento pasear por mi cuerpo una sensación de falsa alegría,
a caballo entre la mañana y la noche, atardeciendo despaciosamente
con el silencio de la música, arrodillado para escuchar ese último suspiro
del diablo, esperando sentado que un día muera y resucite,
que salga de la cueva mostrando su claridad oscura, su rostro cariacontecido.

Lleno de arrugas y sabiduría, demasiada, altruista y escéptico
como la naturaleza, maléfico y ladrón, tan cruel como bondadoso,
aturdido y callado tal vez, asustado por salir de su rincón,
temeroso de no encontrar otro.

Apacible trago de vino que rompe con la seriedad eterna,
esperpéntica celebración religiosa, exorcista de niñas,
sacando al diablo de ellas sin saber que allí no está, o sabiéndolo,
acurrucado fielmente, destruido por la luz del sol,
por el fresco olor del amanecer.

El caer de las hojas en otoño, el hombre llorando por su madre,
el calor del padre a su hija, el fuego quemando los bosques,
los humos ahogando las gargantas y los ojos sangrando el sudor de las minas,
esto nos queda del fin, principio para un mundo herido de muerte
por el puñal del raciocinio, por la espada de la voluntad,
instinto asesino atado por las cuerdas de la esclavitud,
payaso triste que nos hace sonreír cuando la risa está muerta
como un vagabundo que deja caer sus huesos en el salón del invierno,
siempre cuerdo y loco, siempre vivo y muerto…

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen https://pixabay.com/users/enriquelopezgarre-3764790/

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De un río con el mar

Dos miradas iguales se han cruzado
a través de las ventanas transparentes
que esconden una realidad imposible,
y entre sus caricias quieren abrazar libertad,
que nadie les niegue sus huellas,
que no son otras, son éstas.

Y continúan besándose de espaldas,
como amantes indestructibles,
levantando del suelo sus sueños,
juntando sus dedos con la piel,
notando que sus cuerpos quieren rozarse
desde aquí hasta el final del camino…

Y no terminar nunca ese amor,
y poder acariciarse delante de las miradas,
notando como el aire desaparece, huye,
sintiendo la frescura de esas manos
resbalando por el pecho y la vida,
enfrentando sus mentes y sus misterios,
buscando la caricia de un río con el mar,
y al final amar, amar, amar…

Sin miedo a ser de otra forma, siendo lo que se es;
ser pintor poeta de los colores y las palabras
que cambien los horizontes que alguna vez conquistaremos.

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen de Free-Photos

El rey de la comedia

Cuando el sigilo gobierna al instante pierde sabor
la melancolía, y una sonrisa vierte su sarcasmo
sobre un mago que no sabe de brujería, y
brotan fotos de hombres y mujeres en lucha interminable,
mientras, los niños huyen a un lugar más coloreado…

A veces paseamos por un jardín no domado donde las flores
se alimentan de carne y donde las piedras son el espacio libre,
otras, se ve el vuelo sosegado de una carta inundada
de libertad y absurdo, que cae en un mar salpicando
sus palabras, aquellas, que nadie quiere volver a recordar…

Cuando el aire pierde su transparencia desaparece
de la mirada el horizonte, la mueca sirve de despropósito
consciente, y la película de la vida se va diluyendo,
mientras, en el sueño permanece quieto el oro estañado que cubre
el polvo del amor, y nos vamos olvidando de nosotros mismos…

Y siempre que no nos escuchamos perdemos lo que más deseamos,
y quizá sigamos así para siempre, engañados,
por la borrachera que nos hace creer que somos libres,
inconscientemente, sin saber que eso es magia del alma,
sin reconocer que somos los reyes de la comedia.

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen de Neramitevent

Enemigo del mundo

Me siento enemigo del mundo.
Perdido en la boca del viento
alargo mi momento hasta la muerte,
presidido por un vago despropósito,
llevado por el miedo a la vergüenza;
y quedo sujeto al martillo de la mentira
arrastrando mi orgullo por el subsuelo;
y ya no recuerdo mi nacimiento,
y no sé quién soy, ni qué busco.

Me siento enemigo del mundo.
El enfado golpea mi cuerpo y mi mente
hasta destruir todo sentimiento de angustia;
y así enloquecer en un instante pasajero,
y huir de este lugar perdido
terminado para los hipócritas y los valientes,
para esos caballeros presos
atados a los pies de la muerte.

Y ya recuerdo mi entierro, y ya sé quién soy…

Un hombre equivocado.

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen de Dsndrn-Videolar

¿Soy?

Soy el pájaro al que rompieron un ala;
un soñador de sueños inacabados
que va huyendo de la realidad
y de los amores pasajeros.

Soy el niño que no llegó al cielo,
el cuervo al que sacaron los ojos;
y sólo sé, lo que no deseo,
ver morir y volverme loco.

Soy el vaso que siempre está vacío,
el ridículo sin público;
escuchando el canto que se pierde
en el desierto árido de los pensamientos.

Soy el fuego que se quema solo,
el extraño dibujo del genio incomprendido;
huyendo en el tren del absurdo
sobrevivo en este mundo herido.

Soy como el sol sin la luz,
como el relámpago sin el trueno,
como el río sin el agua,
¡soy! y no soy, ¡voy! y no voy;
y quizá sea el momento de perderse
en el ser de un vagabundo que no siente.

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen de GamOl

El tren sin estación

Adiós beso pasajero,

capaz de huir del aire
sin mojarte con la lluvia
que quiso caer ayer.

Adiós beso viajero,

que me hiciste recordar el olvido
y me diste muerte.

Adiós beso extranjero,

que jamás te enamoré.

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen de PublicDomainPictures

Amigo

Amigo.
Hoy tal vez ya no existas.

Llevo tiempo mirándote y ya no te veo,
quizá te perdí en la infancia,
cuando la inocencia era tesoro,
cuando la vida era juego y verbena,
y ahora éstas que ya no aparecen,
no sé dónde encontrarte.

Cada día que pasa presiento que la soledad es mi única cómplice,
algunas veces aparco mis pensamientos y trato de retroceder hasta ti,
pero no te recuerdo, pero no veo tu cara… Tampoco tus manos.

Y demasiado tarde, logro divisar una sombra que se esconde,
demasiado lejana, que huye de mí como el fuego del agua;
como si tú, amigo, quisieras olvidarme.

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen de Free-Photos

Vuelve a repetirse

Miles han muerto absurdamente en la parábola de la vida,
han cubierto un ciclo entre la desidia y la incomprensión,
no han tenido consciencia de la sangre derramada,
de la envidia que ha sembrado la tierra.

Y las madres han tenido que sufrir la muerte,
la indiferencia de una casa sin la luz de las mañanas,
sobreviviendo en la sombra del llanto,
dejando caer las lágrimas en el recuerdo sin olvido,
por el hambre de morir luchando por nada que lo merezca,
y han tenido que aprender a vivir de nuevo con las sombras,
sin él,
sin ella,
callando el grito de la impotencia.

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen de SutoriMedia 

Vientos

Suspirando por un amanecer silencioso y sosegado,
por la soledad de un beso lento,
por el abrazo a un horizonte tallado,
llegan a nosotros esos aires de esperanza,
esos aires de desilusión…

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen de Free-Photos

Gelatina

Un mundo helado se acerca silenciosamente
provocando entre nuestras miradas
la desconfianza y el distanciamiento.

La vida se diluye como la esperanza,
mientras todos esperan ansiosos,
pero nadie se mueve.

La lucha parece un duro placer
mientras la locura se aleja
por el mismo lugar por el que llegó,
sola,
abatida,
desilusionada.

Una mirada se muere tras el escenario,
su camino siempre perdido entre dos tierras,
indeciso,
equivocado,
mudo.

Ella sueña la forma de desaparecer,
de esconder este mundo y llevárselo,
dejarlo al borde del horizonte y precipitarlo,
para ser,
una,
singular.

Mientras,
el resto desaparecen sin saber que se pierden…

Sin amarse.

iñaki navarlaz rodríguez

Puertas de metal

*Imagen de rawpixel