Cada noche

Cada noche que miro al vacío
veo las calles llenas de miserias,
de prostitutas y borrachos, de pobreza,
de asesinos y camellos, de sombras,
de hipócritas que venden su democracia
como si de ello dependiese nuestra vida,
¡y depende!
y sufro el fuego que me arde en las tripas.

Veo al cielo como apaga su luz lentamente,
como el viento es atrapado en un silbido leve,
como la pasión se serena con el miedo,
y sé que moriré porque muero…
Cada noche.

iñaki navarlaz rodríguez

La verdad muerta

*Imagen de Free-Photos

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La casa robada

Amanece temprana cada mañana.

Entre olivos corre una brisa que mancha
las aceras y los cristales de polvo sombrío,
allí, donde se esconde la sombra de una casa robada.

Fugaz encuentro entre la sirena
y aquella marea de ayer alta,
como el beso que dio,
una miga a una paloma.

Recuerdo todavía ver la nieve
caer en la orilla de mi playa,
desde donde dibujaba sin querer
el viento que imaginaba.

Y volar al anochecer entre chimeneas negras
respirando el humo que sueltan las maderas,
y ver cómo la noche mira,
y en un instante descambiar esta vida.

Y al fondo de la calle entre las esquinas aparece,
el ladrón de almas que no supo encontrar la suya…

Adiós casa robada, adiós dueña odiada.

iñaki navarlaz rodríguez

“La verdad muerta”

*Imagen de 12019

Cegueras

En las sombras del pasado la memoria revive el futuro,
y en ese horizonte, el hombre pierde tiempo.

Muchos años pasan sin ser dibujo,
muchos días se agolpan bajo su mirada
para cantar a lo que se fue y no volverá.

Este adiós infinito; que arrasa;
se esconde entre los surcos de las ideas e imagina rodar,
porque ya no sabe soñar alejado de las caricias.

Y en cada instante que muere es un pez
atrapado en la red del olvido; mientras,
al otro lado del mundo suena la despedida
y ya no recuerda que sigue viviendo…

Y las luces nos enseñarán a mirar.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

“La verdad muerta”

Imagen de Free-Photos -editada

Cuentan que en Coimbra…

Como si fue puta y reinó por un día,
y no tuvo palabras,
ni súbditos,
ni rey.

Una noche la muerte la besó tan fuerte
que su cabeza separó del alma el cuerpo;
y aquella ejecución sabida se convirtió
en el odio más grande cantado.

Padre e hijo lucharon con amor,
y cada luna que pasaba
era tierra que los enterraba;
hasta que el viejo murió.

¡VENGANZA!

Era tan grande su pena que
en toda su maldad no veía ninguna falta,
era tan grande su pena que
el amor era dolor y el no te quiero su condena…

Aquel último rey amante
se convirtió en demonio para su pueblo,
dejó caer su corona donde el tiempo la enterró,
y sus palabras se oyeron tan lejos
que nadie no pudo no saber que él la amó.

Y ese amor fue la vida que voló,
una cesta que bajaba el río rebosante
y se vació.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

“La verdad muerta”


Imagen de falco -editada

¿Qué ha sido?

Una copa agota mi madrugada entre suspiros que apagan
las luces de la calle que yo antes solía pasear.

La noche se hace más corta cada vez que respiro,
el día parece seducirme pero me engaña,
y, ¿dónde quedaron aquellas mañanas?
cuando soñar no tenía precio y al salir era libre,
¿dónde quedó el barco tumbado?
¿Qué ha sido del amor?

Nadie me ha contestado porque ya no hay recuerdos
de cuándo fue la última vez que me hizo el amor…

Yo aún no puedo olvidar lo que sentí, y me siento tan falso,
tan engañado cada vez que mis ojos se abren al infinito,
ya no entiendo el significado de las palabras,
ya no entiendo lo que siento.

Y cada noche que quiero soñar no puedo,
¿qué ha sido de las palabras que se susurraban?
¿de las historias que se contaban?
¿qué ha sido de las mañanas envueltas en noches?

¿qué ha sido del amor?

Esa palabra que no tiene destino,
ni flecha apuntándonos porque fuimos estúpidos.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (La verdad muerta)


Imagen de leversandpulleys

Tantos años por crear

Poder brotar cada primavera y
mirar por encima de las montañas.

Saborear el agua que cae,
el sol que riega mis venas.

Notar mis raíces agarrarse con fuerza,
sentir mi flor cómo se abre al mundo…

Y comer la tierra que me parió,
y respirar el viento que me vuela.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (La verdad muerta)


Imagen de rschellenberg

La mano

El mundo puede cogerse con una mano
cuando sola te veo caminar,
tu imagen se vuelve belleza sin movimiento,
una forma aún sin dibujar.

Y mientras camino sin pies,
los minutos arrastran la vida
de la adolescencia a una incierta realidad,
donde el charco se transforma en océano
y la tierra se ve atrapada en la jaula
de las manos,
en el momento en el que el amor fluye
en la sangre,
como el cuchillo corta las venas.

Y cuando más desespera el corazón
surge la sombra que te recuerda que un día,
estuvo allí.

Cuando querías morir soñabas en mí,
cuando querías vivir,
sólo reías…

Iñaki Navarlaz Rodríguez (La verdad muerta)


Imagen de TheDigitalWay -editada

Ya no se ríe

Mi muralla se desmorona como el polvo ante la mirada,
los surcos de esta soledad que envenena
apetecen rematar mi penúltimo suspiro;
y esa tristeza atardece mientras escucho cantar
a la risa del mundo.

La luz ha iluminado toda mi sombra
y ha mostrado mi alma desnuda,
un barco que no encontró agua para hundirse;
en el instante en que mis ojos
se perdieron en el vértice del miedo
para no volver a sentir el aliento del vino.

Y esta noche sentí que mi risa reía,
que los colores no tenían nombre,
que volaba sobre el límite de la irrealidad;
y lloré porque reía cuando pasaba el viento
entre mis manos recogidas…

Y soñaré que río mientras muero.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (La verdad muerta)


Imagen de Ryan McGuire – editada

La gran pistola del hombre pequeño

La locura se ha hecho dueña de la calle,
el desprecio más sutil gobierna de la mano del miedo,
mientras por el horizonte empiezan a colgar
cuerpos que ya no quieren respirar,
y en esos momentos en los que se odia
los hombres devoran el olor maldito de la sangre.

El río se vuelve mar cuando anochece,
el viento comienza su baile
al son de una descarga de veneno,
mientras en las ventanas aparecen miradas furtivas
buscando un motivo para matar,
y es entonces cuando la vida se va,
con el ruido enmudecido de una explosión.

Y los hombres envidian mientras la muerte mira,
el amor desaparece cuando se drogan
para superar las palabras vacías de la conciencia,
y es entonces,
cuando ellos se suicidan porque la vida no puede.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (La verdad muerta)


Imagen de esus4 (Pixabay) – editada

No te olvides

Siento que el aire me respira mal,
que el mar moja mis manos desnudas,
y ya no puedo recorrer el camino a ti
porque mi mirada se ha nublado al escuchar
la voz de tus sombras.

Siniestras,
miedosas,
desconfiadas…

Y mueres en cada momento que no piensas
en ti,

cuando olvidas el sabor hermoso
de la tierra,

cuando desgarras la suave belleza que ves
en tu espejo.

Iñaki Navarlaz Rodríguez


Imagen de Counselling (Pixabay)