Piedra carne

El cangrejo ha mordido el río
con una luz que ha envuelto la noche
mientras aquellos pasos que se escuchaban
han perdido el sabor a misterio,
pues el vuelo de un papel transparente
ha sabido reflejar en el espejo
miedo y contento.

El canto del hombre ha murmullado
la amargura de no poder ser inmortal,
de que todo pierda esa importancia estúpida
que se cubre con piel de paja,
y quizá, esas palabras sordas sean tejados
y nos falten piedras para levantarlo
sin saber que con las que quedan
estamos enterrando nuestros pensamientos.

Iñaki Navarlaz Rodríguez


Imagen de TMDaub (Pixabay)

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Esencia de mujer

Entre tus ojos pierdo el sentido de mi conciencia
y enloquecido por un misterio desnudo busco
en tus labios un beso escondido en la tormenta de la noche.

Recuerdo tu voz cantando en silencio
para irse escapando lentamente de mis oídos,
y sin despedidas te vas.

Entre tus caricias no encuentro mi consciencia
y atrapado en el juego del amor imposible presiento
que la vida se diluye y ya no importa mi yo perturbado.

Tú eres la única que me despierta
entre canciones sensuales y verdaderas,
un miedo y unos ojos negros que me lloran,
y que en su misterio me enloquecen la sinrazón,
y me ahogo por dentro,
y no sé…

Si este amor es verdadero o es ilusión,
si puedo acariciarte o tengo que renunciar,
y no sé…

Entre tus palabras abandono mi voz asustado
por haberte conocido aquella noche entre magia y encanto,
y sólo puedo respirar y abrazar mis gritos engañados,
e inhibirme,
y desaparecer,
pero nunca abandonarte.

Iñaki Navarlaz Rodríguez


Imagen de CasualDestroyed (Pixabay) – editada

Amigo

Amigo, que tal vez ya no existas,
llevo años mirándote y ya no te veo,
quizás te perdí en la infancia cuando la inocencia
era un tesoro, cuando la vida tenía juegos y risas.

Y ahora que ésta no aparece no sé dónde te encuentras,
cada día que pasa presiento que la soledad
sea mi única cómplice, para algunas veces aparcar
mis pensamientos y tratar de retroceder a ti.

No te recuerdo y ya no veo tu cara, tampoco tus manos,
tardíamente logro divisar una sombra demasiado oscura,
demasiado lejana que huye de mí como un galgo,
como si tú,
amigo,
quisieras olvidarme.

Iñaki Navarlaz Rodríguez


Imagen de geralt (Pixabay)

Luces

Un sueño me ha despertado de la oscuridad,
y frente a esa claridad que me ha invadido
he descubierto una mirada que me amaba.

Y su fragilidad me ha enamorado,
me ha hecho sentir el viento en mi interior
abriendo mi mundo a la luz de sus manos.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

Imagen de skeeze (Pixabay)

Azul

¿Qué es el azul?

El azul es viento al anochecer,
el amigo silencioso que sabe escuchar
cómplice de mis vicios más inteligentes,
el azul es mi vida coloreada…

¿Qué es el azul?

El azul es la sábana de mi cama,
el papel donde escribo mis sueños,
el amigo mudo de mi soledad,
el azul es mi mentira convertida en verdad…

¿Qué es el azul?

El azul es recuerdo olvidado,
el pensamiento de un mundo embobado,
el camino a la magia erótica,
el azul es hermano de mi espíritu…

Y, ¿qué es el azul?

Un color de mi mirada.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

Imagen de Alexas_Fotos (Pixabay)

Si los ojos no llorasen

La vida es amar, del viento volar.

La serenidad es el arma del camino y,
todos somos espejo de libertad.

Como las palabras van al aire
los sueños van al vino,
como nuestros sufrimientos son estúpidos
el mundo se nos escapa muriendo…

Y no poder levantarse cada amanecer
amando un misterioso canto de realidad.

Es error acabando con nuestros suspiros,
es pesadilla con el pecho en la tierra
ante unos ojos que se vieron al escucharse
y se enamoraron de su vista.

Para amar la tierra donde miran.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

Imagen de cocoparisienne (Pixabay – editada)

NadaTodo

No somos apenas nada,
vuelos de pájaros mutilados,
papel escrito de miserias,
agujeros abiertos en el acero y,
no somos apenas nada…

Apenas silbido,
apenas palabra,
al encuentro de nuestro espíritu,
apenas somos todo.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

Imagen propia

Asesino libre y enjaulado

Mi cuerpo drogado recorre feliz este mundo,
pasea mi mente entre jardines de azufre
y el viento golpea mi rostro,
lo erosiona.

Lo deja caer al barro que me rodea,
llueven en mi pecho espadas de hielo,
y todo,
todo lo que me envuelve,
parece enfermo.

Retrocedo,
pero el horizonte se acerca imparable,
asalta mi celda para hacerme libre
y yo no quiero.

Ya serlo he sido y soy,
y no puedo comenzar a ahogarme solo
sin arrastrar conmigo a alguien desesperado
que piense ser rey del fracaso corrupto.

Y voy en soledad compañera y aburrida,
salgo en busca del asesino encadenado
que me perturba,
pienso en mi tiempo empobrecido y asustado,
soy el mendigo de la ruina,
del odio.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

Imagen de claudioscott (Pixabay)

Pistolas en la sien

Al mirar el mundo a través de un cristal arañado
he visto desaparecer un espíritu bendito,
y esa oscuridad que me ha dejado
ha hecho disparar una pistola en mi sien…

Al saborear ese zumo de color indiferente
he aprendido a reírme de mi sonrisa,
y este regalo que me inhibe
ha hecho sonar una pistola en mi sien…

Algo me llama desde un lugar extraño,
y no sé si acercarme o permanecer,
un camino que me enseña una realidad imposible,
una caricia que en mis labios me habla de olvido…

Y me voy paseando hasta el precipicio del horizonte.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

Imagen de mwewering (Pixabay)

Matar

Hoy he matado a un hombre madre.
Y siento que tu carne se pudra así,
que la flor que tu plantaste sea alimaña
y vicio asesino de arrebato inconsciente.

Y hoy maté porque se lo merecían.

Vi viajar entre el orgullo una mirada extraña,
un camino empedrado de agujas ardiendo
que saltaban al encuentro de mi espíritu condenado,
y no pude frenar ese impulso consciente.

Y hoy maté porque quise.

Hoy he matado a un hombre madre.
Siento ser un hijo drogado por el cemento,
vaso medio vacío de licor amor
y flor de capullo envenenado.

Y hoy maté por puro placer.

Vi viajar entre el aire un sudor frío,
sentí enloquecer mi mente perversa,
luché por un hueco en ese sillón de plástico
y volé como un ciego a través del miedo.

E hice lo que todos quieren hacer…

Iñaki Navarlaz Rodríguez

Imagen de DasWortgewand (fuente Pixabay)