Todos los días

Y en el amanecer está el despertador y las arrugas
que en tu cara se marcan como los sueños de la noche,
la primera mirada nublada y temblorosa
que justo ve las sombras de la mañana,
y calzar el suelo con unos pies inestables
como el temprano despertar del día.

En la mañana está el correr y tragar la tostada
en busca de las puertas de la escuela,
luego, más cuevas se abren mostrando sus piernas,
palabras de arriba y de abajo que acosan el alma,
tiempo perdido e idiota, sólo por monedas,
para que mañana tengas bocadillo y manta.

Por la tarde el ensueño te agarra un poco,
te deja entre babillas y dibujos,
te marca el tiempo que te queda,
el que volverás a correr con la boca llena de merienda,
abrir otras puertas, cerrarlas, para crear personitas
que repitan en los siglos nuestras pesadillas.

Al anochecer con suerte y si no pasa el cansancio
a rendir cuentas del correr y las puertas,
te acurrucas en desnudez un ratito a tocar las arrugas,
a besar los sudores del día, a amar para saber a mar,
y así, cuando la noche roce la vida
tan solo poder soñar despacio, que mañana llega otro día.

iñaki navarlaz rodríguez

Recuerdos de lo cotidiano

*Imagen de Pexels