La casa robada

Amanece temprana cada mañana.

Entre olivos corre una brisa que mancha
las aceras y los cristales de polvo sombrío,
allí, donde se esconde la sombra de una casa robada.

Fugaz encuentro entre la sirena
y aquella marea de ayer alta,
como el beso que dio,
una miga a una paloma.

Recuerdo todavía ver la nieve
caer en la orilla de mi playa,
desde donde dibujaba sin querer
el viento que imaginaba.

Y volar al anochecer entre chimeneas negras
respirando el humo que sueltan las maderas,
y ver cómo la noche mira,
y en un instante descambiar esta vida.

Y al fondo de la calle entre las esquinas aparece,
el ladrón de almas que no supo encontrar la suya…

Adiós casa robada, adiós dueña odiada.

iñaki navarlaz rodríguez

“La verdad muerta”

*Imagen de 12019