Inyecciones de acero

Reventados por el pacificador,
masticando la carne de los muertos,
rezando a un dios vacante,
marchan por la orilla del miedo.

Sin balas espías ni tanques exterminadores,
huyen con el corazón extirpado
por el virus del gatillo humano,
para el que sólo quedan, inyecciones de acero.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

“Poesía de palabras duras”


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