‘Genocidio, paisaje y memoria’ en la Ciudadela a través del objetivo del fotógrafo de prensa Simon Norfolk

40 fotografías de Afganistán, Bagdad, Bosnia, Beirut e Israel para reflexionar sobre la decadencia de grandes imperios
Exposición de la Fundación Gas Natural Fenosa

23/03/2018 Diario de Noticias

Son 40 fotografías, todas posteriores al 11 de septiembre de 2001, que ofrecen una mirada reflexiva sobre la decadencia y el desmoronamiento de los imperios, sobre los lugares en conflicto y los espacios devastados por la guerra. Son los paisajes resultantes de la brutalidad y la barbarie de la actividad bélica: los campos de batalla, las ciudades arrasadas y los desechos esparcidos de la guerra. Son 40 imágenes del fotógrafo de prensa Simon Norfolk, un relato para la reflexión, para la memoria y para la historia.

Desde hoy viernes y hasta el próximo 13 de mayo, este proyecto expositivo puede visitarse en la Ciudadela, en el Pabellón de Mixtos, gracias a la Fundación Gas Natural Fenosa, que trae a Pamplona la exposición ‘Genocidio, Paisaje, memoria’, en colaboración con el Área de Cultura municipal. La muestra ha sido presentada esta mañana por la concejala delegada de Cultura y Educación, Maider Beloki, y el comisario de la exposición, Xosé Garrido.

La exposición incluye una selección de 40 imágenes pertenecientes a cinco series fotográficas, que forman parte de un proyecto más amplio, auténtico ‘work in progress’, llamado ‘Et in Arcadia ego’. Las cinco series están dedicadas a documentar el devastado paisaje por los conflictos de Afganistán, Bagdad, Bosnia, Beirut e Israel/Palestina, y tienen una genealogía y ejecución similar, generando un discurso de gran coherencia, en el que se delata la necesidad del artista de crear una imaginería que ayude a la construcción de una conciencia que reflexione sobre los conceptos de historia y memoria.

El Museo de Arte Contemporáneo de la Fundación Gas Natural Fenosa produce esta muestra que ya se exhibió en A Coruña, Barcelona, Córdoba y Almería. Puede visitarse en el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela de martes a viernes de 18 a 20.30 horas, sábados de 12 a 14 horas y de 18 a 20.30 horas, y domingos y festivos de 12 a 14 horas, aunque a partir del 30 de abril el horario de tarde se retrasa en media hora.

Información, dolor y estética

Tal y como explica el comisario de la exposición, Xosé Garrido, “la obra de Norfolk es necesaria para reflexionar y empezar a pensar en unos tiempos de vorágine y discursos mediáticos cada vez más urgentes y estériles”. Las fotografías que se presentan en esta exposición corresponden a varios trabajos que Simon Norfolk ha venido produciendo desde el 11-S. Fruto de aquel acontecimiento y sus consecuencias (hegemonía bélica de EE.UU., las guerras de Afganistán e Irak, etc.) surge una reflexión en torno a los conceptos de imperio, historia y memoria. Según la formulación de Norfolk, todo imperio en su momento de decadencia y desmoronamiento, deja detrás de sí las huellas de su esplendor, ahora convertidas en históricas ruinas. De la atenta mirada a toda esta arqueología se pueden sacar conclusiones válidas para la construcción de la memoria histórica.

Su obra se caracteriza por tener al paisaje como tema principal y desarrollar una meticulosa técnica basada en la obtención de imágenes con la tradicional cámara de placas. Sus imágenes muestran paisajes de espacios desolados o, frecuentemente, arrasados por la acción bélica del hombre. Escenas que encierran la capacidad de integrar elementos sensibles y a la vez desgarradores y que son, en definitiva, escenas llenas de dramatismo y belleza que muestran la destrucción y representan el eco de la muerte. La construcción de la imagen utilizando cánones que la ponen en relación directa con determinada tradición romántica que encuentra la belleza en la representación de cierta miseria, la frecuente ausencia de la figura humana, o la deliberada acción del fotógrafo de construir sus paisajes a partir de escenarios configurados en función de su aparente desorden, son algunos de los rasgos que mejor definen la obra de Simon Norfolk. Garrido explica que la obra de Norfolk documenta fotográficamente los edificios, las calles vacías, los espacios devastados, orografías y restos de la acción bélica, en aquellos lugares donde se ha intervenido militarmente en los últimos ocho años. Son auténticos paisajes después de la batalla que delatan la barbarie y lo absurdo de la guerra. El artista se enfrenta en su obra a un gran problema, a uno de los mayores conflictos éticos que encierra la fotografía que tiene como materia de trabajo los lugares que han sido víctima de la acción militar: el de cómo mostrar la belleza de la crudeza y la destrucción articulando un dialogo respetuoso entre información, dolor y estética.

Fotografía tardía

En este sentido, el comisario de la exposición apunta que Norfolk y su obra forman parte, sin lugar a dudas, de una clase de nuevo documentalismo fotográfico que maneja el concepto, desarrollado por David Campany, de la fotografía tardía. Porque Norfolk no fotografía la huella de un acontecimiento, sino más bien la huella de la huella de un acontecimiento. Se trata de una fotografía del pasado inmediato, una forma de mirar sobre lo acontecido que ayuda a empezar a construir la memoria contemporánea. Es también, continúa Xosé Garrido, una fotografía de mirada pausada, lenta (de hecho es significativo que muchos de los fotógrafos que la practican vuelvan al uso de la “primitiva” cámara de placas), y que en la mayoría de los casos se inspiran, apropiándose de los cánones de representación, en determinadas escuelas o autores de periodos clásicos de la pintura. Simon Norfolk, en sus escritos, enuncia todo un manifiesto acerca de su manera de entender la ruina clásica y su representación plástica a lo largo de la historia. En particular centra su atención en el clasicismo francés del XVII y se detiene en las pinturas de Nicolas Poussin y Claude Lorraine. Paisajes con escenas pastoriles que tiene como marco naturalezas idealizadas, en las que siempre hay ruinas clásicas enmarcando la escena. Considera estas obras como metáforas de la decadencia de las civilizaciones y de la vanidad de los Imperios y se plantea la necesidad de reflexionar sobre lo que significan las nuevas ruinas que la conocida y hegemónica acción militar actual, deja a su intervención en los diferentes lugares del mundo. Las fotografías de Norfolk guardan no pocas similitudes con el trabajo de Gabriele Basilico, Beirut, al respecto del cual su autor declaraba que las imágenes que había tomado en la capital libanesa pretenden “contribuir, mediante el testimonio de la locura humana, a la construcción de la memoria histórica”. Idéntico objetivo se puede rastrear en la obra del fotógrafo inglés, apunta el comisario de la exposición.

Simon Norfolk

Nacido en Lagos (Nigeria) en 1963, Simon Norfolk estudió Filosofía y Sociología en las universidades de Oxford y Bristol. Después de realizar estudios de fotografía documental en Newport, Gales del Sur, trabajó para varias publicaciones hasta 1994. Es aproximadamente a partir de este momento cuando abandona el fotoperiodismo y comienza a centrar su interés en la fotografía de paisaje. Ha publicado varios libros con su obra entre los que destacan ‘For Most Of It Have No Words: Genocide, Landscape, Memory’ (1998), ‘Afganistán: Chronotopia’ (2002) que ganó el European Publishing Award for Photography (y que ha sido publicado en nuestro país) y su más reciente libro ‘Sangre’, que se publicó en 2005. Cuenta con numerosas exposiciones individuales de su obra y ha recibido una gran cantidad de premios y reconocimientos a lo largo de su trayectoria. Su trabajo aparece regularmente en el New York Times Magazine y The Guardian. Actualmente reside entre Brighton y Londres. Su obra se caracteriza por tener al paisaje como tema principal y desarrollar una meticulosa técnica basada en la obtención de imágenes con la tradicional cámara de placas. Sus imágenes muestran paisajes de espacios desolados o, frecuentemente, arrasados por la acción bélica del hombre. La construcción de la imagen utilizando cánones que la ponen en relación directa con determinada tradición romántica que encuentra la belleza en la representación de cierta miseria, la frecuente ausencia de la figura humana, o la deliberada acción del fotógrafo de construir sus paisajes a partir de escenarios configurados en función de su aparente desorden, son algunos de los rasgos que mejor definen la obra de Simon Norfolk.

Museo de Arte Contemporáneo de la Fundación Gas Natural Fenosa

El Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de la Fundación Gas Natural Fenosa es un centro multidisciplinar de cultura contemporánea, un espacio dinámico, flexible y abierto, que combina la actividad expositiva con la integración y participación ciudadana, con el fin de estimular la creación artística dentro de todos los ámbitos culturales. A lo largo de los años, el MAC se ha consolidado no sólo como sede expositiva, sino también como un lugar de encuentro para artistas, aficionados y público, ofreciendo un amplio programa de actividades culturales, educativas, sociales y artísticas que incluyen exposiciones temporales, ciclos de conferencias, talleres para escolares y para profesionales. La Fundación Gas Natural Fenosa ha reorientado su actividad hacia temas más sociales y por ello la empresa ha agrupado todas las actividades culturales y las ha integrado en la entidad. Así, el Museo de Arte Contemporáneo pasa a formar parte de la Fundación Gas Natural Fenosa, que ya cuenta con el Museo del Gas, en Sabadell, y el Museo de la Central Hidroeléctrica de Bolarque, en Guadalajara.

Xosé Garrido, comisario de la exposición

La muestra está comisariada por Xosé Garrido, fotógrafo especializado en arquitectura, patrimonio y etnografía, desde 1995 trabaja en un abundante número de proyectos sobre el patrimonio arquitectónico y cultural de Galicia para diversas instituciones. Durante los últimos diez años, ha viajado por todo el mundo realizando reportajes y desarrollando diversos trabajos sobre hábitat, sociedad y patrimonio. Ha comisariado varias exposiciones de fotografía, entre las que destacan ‘Espacios’, producida por el Museo de Arte Contemporáneo Gas Natural Fenosa, y que exhibió obras de Carlos Cánovas, Castro Prieto, Joan Fontcuberta, Tony Catany y Ouka Leele.


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Imagen de la exposición – Simon Norfolk

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Abandonadas

Hay jaulas enganchadas al sexo
donde mujeres follan en desecho
a cambio de falsas monedas
de los bolsillos de hombres sin pecho.

En esa prostitución de sentimientos
navegan la pobreza y el desespero,
arrancadas de la vida inexplorada,
maltratadas y abandonadas por su carcelero.

Iñaki Navarlaz Rodríguez
“Poesía de palabras duras”


Imagen de geralt

¿Qué ha sido?

Una copa agota mi madrugada entre suspiros que apagan
las luces de la calle que yo antes solía pasear.

La noche se hace más corta cada vez que respiro,
el día parece seducirme pero me engaña,
y, ¿dónde quedaron aquellas mañanas?
cuando soñar no tenía precio y al salir era libre,
¿dónde quedó el barco tumbado?
¿Qué ha sido del amor?

Nadie me ha contestado porque ya no hay recuerdos
de cuándo fue la última vez que me hizo el amor…

Yo aún no puedo olvidar lo que sentí, y me siento tan falso,
tan engañado cada vez que mis ojos se abren al infinito,
ya no entiendo el significado de las palabras,
ya no entiendo lo que siento.

Y cada noche que quiero soñar no puedo,
¿qué ha sido de las palabras que se susurraban?
¿de las historias que se contaban?
¿qué ha sido de las mañanas envueltas en noches?

¿qué ha sido del amor?

Esa palabra que no tiene destino,
ni flecha apuntándonos porque fuimos estúpidos.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (La verdad muerta)


Imagen de leversandpulleys

‘Gelatina Dura’: La transición en 200 obras

La muestra se enmarca dentro del proyecto ‘Hiriartea’
Pamplona será la segunda ciudad tras Barcelona donde se podrá visitar la exposición, que permanecerá abierta hasta el 24 de junio

20/03/2018 Efe – Noticias de Navarra

La Ciudadela ha acogido hoy la inauguración de la exposición ‘Gelatina Dura’, una muestra impulsada por el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) que aborda el relato de la transición y de los años 80 a través de más de 200 obras de 59 artistas.

En conferencia de prensa, la edil de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona, Maider Beloki, ha recordado que la muestra se enmarca dentro del proyecto ‘Hiriartea’, que pretende crear un espacio de cultura contemporánea en el parque de Ciudadela.

Pamplona será la segunda ciudad tras Barcelona donde se podrá visitar la exposición, que permanecerá abierta hasta el 24 de junio, y en la que se han incluido obras de artistas locales como Joaquín Resano, Pedro Osés y Xabier Morrás.

También se han añadido a la muestra los documentales ‘Montejurra 1976’, de Carlos Estévez, ‘Sanfermines 78’, de Juan Gautier y José Ángel Jiménez, y ‘Frontón. El hombre navarro va a la luna’, de Marcel-lí Antúnez, así como fotografías del Segundo Ensanche y pegatinas.

El director del MACBA, Ferran Barenblit, ha indicado que ‘Gelatina Dura’, que comprende el periodo de tiempo de 1972 a 1992, se ha desarrollado dentro de la red de museos L’Internationale, un conjunto de museos europeos que tratan de revisar los años 80 en sus respectivos países.

Al respecto, ha aseverado que a la transición en España “nadie le niega sus grandes logros” y que uno de los “más destacables” fue que al final del citado periodo, en 1992, fue “hacernos pensar que aquello que obtuvimos, lo que teníamos entonces, era lo que estaba planificado desde su inicio”.

Por tanto, ha dicho que la muestra “como mínimo cuestiona esa idea, la que decía que, a la muerte de Franco, España tenía muy claro que se debía convertir en una democracia, una monarquía parlamentaria, integrada en la Unión Europea”.

No obstante, ha recalcado que en 1975 “había muchos otros planes”, como los que abogaban por un continuismo de la dictadura o los que buscaban un cambio mucho más radical.

El arte y la cultura fue el lugar donde se reflexionó una buena parte de esta situación, ha comentado Barenblit, para añadir que estas disciplinas desarrollaron discursos que planteaban desconfianzas claras a cómo se desarrollaba ese momento de la transición.

De esta forma, la muestra, que se compone de películas, documentales, programas de televisión, revistas o cómics, se distribuye en siete posible relatos.

Los relatos abordan temáticas como el olvido del pasado reciente, la desarticulación de los movimientos obreros a la reconversión industrial o el paso de los grupos autónomos a la institucionalización democrática.

Por su parte, la comisaria de la exposición, Teresa Grandas, ha explicado que se trata de un proyecto que habla de “de la contracultura entendida como un relato que discute la hegemonía cultural, artística, política, social y económica”.

Grandas ha sostenido que la muestra quiere “abrir debates, generar preguntas, no pretende generar otro relato u otra visión de la transición”, sino “entender que hay otras maneras de entender las historias, no hay una única”.

En cualquier caso, ha destacado la idea de “polifonía” en el sentido de los relatos que “quedan por hacer y las preguntas que quedan por formular”.


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Imagen de la exposición

Los libreros celebran la primera edición del Premio de las Librerías de Navarra

Las obras ‘Duelo’, ‘Caliban eta Sorgina’ y ‘Cortázar’ fueron galardonadas ayer en el acto que acogió el Patio de Gigantes

Por Ana Jiménez Guerra / Fotografía de Patxi Cascante

17/03/2018 Noticias de Navarra

¿Es posible decir que un libro sea el mejor de todo el año? Desde la Asociación de Librerías de Navarra consideran que afirmarlo sería “algo muy poco riguroso”, pero ayer premiaron tres obras que, a su juicio, merecen ser rescatadas del “borrón y cuenta nueva diario” que imponen las novedades literarias. Los premiados en el acto celebrado ayer, y que presentaron Mertxe Zufia (Auzolan) y Germán Esparza (Katakrak) fueron Duelo, de Eduardo Halfon, en la categoría de castellano; Caliban eta Sorgina, de Silvia Federeci, en euskera; y Cortázar, de Marc Torices y Jesús Marchamalo, como libro ilustrado.

El primero en subir al escenario fue Eduardo Halfon, que recogió el galardón entregado por Dani Rosino (Walden) y Elena Eslava (Arista) por su obra Duelo (Libros del Asteroide). El escritor guatemalteco afirmó que si bien escribir es “una vida solitaria”, la respuesta de los lectores y premios como el de ayer son “el visto bueno de que vas bien”, y recalcó el reconocimiento de los libreros: “Este no es un premio que se solicite ni se geste, es un premio que surge de ustedes, los libreros, nuestros guerreros. No seríamos escritores sin los libreros”.

Valor de las traducciones

El Premio en Euskera recayó en Caliban eta Sorgina, de Silvia Federeci, editado en la colección Eskafandra de la editorial Jakin/Elkar. Los editores y responsables de la traducción, Edurne Lazkano y Aitor Arruti, recogieron el galardón de la mano de Pablo y Josune de Elkar; y Marcela Abarzuza (Abarzuza). De esta colección feminista, la editora Lorea Agirre destacó la importancia de la traducción, ya que “partimos de una cultura y una lengua minorizada, que no minoritaria, y todo lo que traduzcamos ya nos pertenece y se vuelve cultura vasca”.

“Especialmente especial” fueron las palabras de Jesús Marchamalo, autor del texto de la obra ilustrada Cortázar (Nórdica), para definir el premio, entregado por Miguel Iglesias (Letras a la taza) y Maider Díaz (Chundarata). “Los libreros sois esa parte imprescindible en la cadena del libro, sois quienes estáis más cerca de los lectores”. Y ayer fue un día de “amor eterno a libreros y libreras de Navarra”, como reivindicó el madrileño.


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Imagen de Patxi Cascante

Las bragas de la guerra

Se mecen en los mástiles
las bragas de la guerra,
secando al sol de los muertos
la sangre que engordó al odio.

Se mueven las putas balas
de su gatillo a nuestro infierno,
dejándonos en tumba de tierra cubiertos,
lástima antes, no haberlos parido.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (Poesía de palabras duras)


Imagen de MasterTux -editada