Rózame

Miradas
que van,
que ya llegan,
en el mismo momento
en el que se aman
dos cuerpos inundados de fuego inexplorado.

Donde los besos que se dan
se convierten en el azúcar
que alimenta los sueños
que nos debemos,
la piel;
rozándose.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (A la contra)


Imagen de Kalhh – editada

Inocencia a prueba de bombas – Luna Paniagua

Que los ojos sigan mirando con emoción,
que sea la fuerza impenetrable
la que levante del barro esos pies descalzos,
que nunca pueda olvidar que tuvo ilusión.

inr.

Luna Paniagua

inundaciones

INOCENCIA A PRUEBA DE BOMBAS

Sara observa a su hijo correr hacia la tienda de campaña, su hogar desde hace meses. No esquiva los charcos. «Este niño, ahora tendrá que estar dentro hasta secarse». Sufre al verlo en sandalias con este temporal. Les robaron las maletas en verano, al bajar del barco en que cruzaron el maldito mar que se tragó a su marido y a su hija pequeña. Por suerte le donaron unos calcetines. El pequeño llega hasta ella colorado y con una gran sonrisa.

—¡Mamá! Junaid dice que pronto será Navidad.

—Sí, cielo, pero…

—¿Crees que los Reyes Magos me traerán unas botas?

Microrrelato realizado para el taller de escritura de Literautas de diciembre.

Requisitios: máximo 100 palabras y que aparezca la palabra «navidad».

Reto opcional: incluir también las palabras «sandalia» y «barco».

Ver la entrada original

Ya no se ríe

Mi muralla se desmorona como el polvo ante la mirada,
los surcos de esta soledad que envenena
apetecen rematar mi penúltimo suspiro;
y esa tristeza atardece mientras escucho cantar
a la risa del mundo.

La luz ha iluminado toda mi sombra
y ha mostrado mi alma desnuda,
un barco que no encontró agua para hundirse;
en el instante en que mis ojos
se perdieron en el vértice del miedo
para no volver a sentir el aliento del vino.

Y esta noche sentí que mi risa reía,
que los colores no tenían nombre,
que volaba sobre el límite de la irrealidad;
y lloré porque reía cuando pasaba el viento
entre mis manos recogidas…

Y soñaré que río mientras muero.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (La verdad muerta)


Imagen de Ryan McGuire – editada

El árbol de los pájaros sin vuelo

La senda se ha olvidado de los pasos que la recorren
mientras, en los rincones de los campos
se levantan árboles de ramas perdidas,
vacíos de huevos por nacer,
repletos de inútiles plumas sin alas.

El río retorciéndose en busca de una casa embrujada,
la llamada salvaje a una inocente presencia,
son vanos intentos de volar el cielo
llevados por el aire embobado que lo gobierna…

Atraviesan los muros de piedra
para esconderse de sus propios sueños,
gritan a las velas desde el suspiro de las bestias
que ya sin alas vuelan con rumbo perpetuo,
y mueren en el primer día de sus vidas.

Todos quieren vivir,
pero nacen
en el árbol
de los pájaros sin vuelo,
inútiles…
o rebeldes olvidados.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (El pasajero de la incertidumbre)


Imagen de Mabel Amber

Monedas hechas carne

Las almas entran errantes
en la sala donde sólo esperan
el humo y los besos desconocidos,
donde las miradas ya no existen
y sólo queda la carne.

Esa carne se vende sin flores,
arrojada como carroña enmudecida,
convertida en alimento para los viejos rosales
que arañan los sentimientos,
despojándola de todos sus olores.

Entran errantes
los muslos,
los pechos,
el vientre,
las caderas,
los abrazos,
las miradas,
los besos,
y ya sólo salen
con los pies por delante.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (A la contra)


Imagen de Public Domain Pictures (Pixabay) – editada

Una fábrica abandonada convertida en biblioteca gracias a los basureros

  • Unos trabajadores turcos juntaron los libros que la gente tiraba para crear una biblioteca comunitaria que ya cuenta con 4.750 ejemplares

Una antigua fábrica abandonada en la capital de Turquía, Ankara, ha recibido una segunda vida. Un grupo de basureros de la ciudad decidieron rescatar hace siete meses todos los libros que encontraba mientras recogían residuos. Y crearon para ellos una biblioteca comunitaria que ya cuenta con más de 4.750 obras.

Es el espacio que ahora emplean estos empleados para descansar entre sus horas de trabajo, leyendo y jugando al ajedrez. En un primer momento, “guardaron” el lugar para sus familiares, y crearon en la misma nave, además, una barbería, una cafetería, salas de descanso y oficinas.

Como no todos los ejemplares que recogen se encuentran en buen estado, aquellos que no pueden leerse se reciclan como apoya-libros.

La biblioteca está abierta las 24 horas del día para unos 700 basureros. La iniciativa ha sobrepasado Ankara, llegando la noticia a otros puntos del mundo. Son mucho los lugares desde donde les han regalado otros libros, y prevén crear una biblioteca móvil para visitar las escuelas de Ankara cada quince días.


Noticia publicada en Diario de Navarra – 23/01/2018

Imagen de Diario de Navarra – editada

Una fábrica abandonada convertida en biblioteca gracias a los basureros

Lluvia rota

Hoy cae la lluvia rota,
golpeando contra las ventanas
que cerradas ahuyentan
las miradas
furtivas.

Rompen
los charcos
el viejo camino
que desolado traza columpios
que nos bailan el alma.

Iñaki Navarlaz Rodríguez (A la contra)


Imagen de Michael Gaida (Pixabay) – editada