Atrapado en el silencio

Pasan las horas al compás de la vida,
derrumbado en la fría cama,
dueño por poco del instante
en que me alojaré en la tierra.

Crecerán sobre mí mil flores negras
que hundirán sus raíces
hasta las entrañas de mi alma
y beberán su agua dulce,
sufrirán los deshielos de mis venas
y nunca más volverán a ser blancas.

Ayer cundo aún mis piernas caminaban
descubrí mi falta,
mi desgana,
no amé ni quise ser amado,
la voluntad de una mujer abandoné
ciego y silencioso,
y ahora sólo muero, por no haber amado.

¡Muéreme muerte! ¡sálvame de la vida!

Derrumba mi cruz que quiero ser quemado.

Iñaki Navarlaz Rodríguez

Imagen de 7739 (Pixabay)